El placer del pan integral
El pasado martes 24 de marzo, en el marco de la feria Alimentaria 2026 en Barcelona, Jérôme Foulquier, nuestro director de I+D, ofreció una ponencia centrada en el valor del pan integral, cuando el grano cobra valor, la técnica lo ponencia y cada bocado se disfruta.
Durante años, el pan integral ha tenido una mala reputación. Se ha percibido como un producto “obligatorio”, asociado a dietas o recomendaciones médicas, pero pocas veces al placer de comer buen pan.
Sin embargo, esta visión parte de una base errónea.
El pan integral no es pan blanco con salvado añadido. Un verdadero pan integral se elabora a partir del grano completo, sin separar sus partes. Esto implica conservar todos sus componentes naturales y, con ellos, su valor nutricional.
La importancia de hacerlo bien
Uno de los mensajes clave de la ponencia fue claro: Un pan integral, ante todo, tiene que ser bueno.
Si no lo es, el consumidor no repite. Y aquí es donde entra en juego la técnica. Para conseguir un pan integral de calidad, hay tres factores fundamentales:
- Una buena harina integral, seleccionada y controlada desde el origen
- Una correcta hidratación, esencial para trabajar con el salvado
- Un proceso adecuado, donde la masa madre juega un papel clave
La masa madre no solo aporta sabor y mejora la conservación, sino que también ayuda a hacer el pan más digestible y favorece la absorción de los nutrientes.

El papel del pan integral en la dieta
Más allá del proceso, el pan integral tiene un valor nutricional clave.
Una ración puede aportar entre 8 y 15 gramos de fibra, cuando la recomendación diaria se sitúa en torno a los30 gramos. Esto lo convierte en un alimento relevante dentro de una dieta equilibrada.
Eso sí, es importante entenderlo correctamente:
el pan integral no lo es todo, pero sí una parte importante del conjunto.
Cambiar la percepción
El verdadero reto no es solo técnico, sino también cultural.
Pasar de ver el pan integral como una obligación a entenderlo como un producto que se puede disfrutar. Un pan bien elaborado, con buena materia prima y un proceso cuidado, cambia completamente la experiencia.
Porque cuando se hace bien, el pan integral deja de ser un “castigo” y se convierte en lo que debería ser:
un producto con valor, con sabor y con sentido dentro de la alimentación diaria.
Si quieres profundizar en todos los detalles de la ponencia, puedes acceder aquí a la presentación completa:













